Sus primeros años

Francisco Llorens

Nació Francisco Lloréns Díaz en La Coruña el 10 de abril de 1874 en el número 17 del Cantón Grande. Su vida se inicia en el seno de una familia de procedencia catalana por línea paterna y gallega por la de su madre. Su formación inicial dentro de la alta burguesía gallega será un elemento definidor de su personalidad; se trata de un hombre moldeado un mucho a la antigua, serio y comedido, que no iba a incorporarse del todo a otros hombres de su misma generación que vivieron una bohemia superficial supeditada a la boga de aquellos días. En los años de la adolescencia y juventud del pintor, vivía la familia en una casa que todavía existe, en la calle de Picavia, testimonio vivo de toda una época coruñesa. Era el padre pasante de negocios y se llamaba don José Lloréns Batista y estaba casado con doña Paulina Díaz del Villar, de ilustre familia gallega. Procedía don José de una familia de comerciantes oriunda de la villa de Calella, en la provincia de Barcelona, que se había trasladado al entonces Reino de Galicia en el primer cuarto del siglo XIX. De los tres hijos que nacerán de este matrimonio, dos han de dedicarse enteramente al arte. Manuel será arquitecto y Paco será pintor. El mayor, José, a pesar de su decidida vocación musical, se hará cargo más adelante del negocio familiar. Paco, como le llaman en casa, da muestras de una clara sensibilidad para el dibujo desde muy pronto. El primer cuadrito que conocemos como suyo, lo realiza a los trece años, sobre una caja de cartón, con el tema que entonces preocupaba tanto a España; la pérdida de las Islas Carolinas. Y, unos años después, este joven burgués de aspecto elegante y despreocupado, que parece vivir ajeno a los problemas de los hombres del mar, elige como tema para su primer cuadro de composición, una escena de una problemática que había de tener ya en cuenta toda su vida; la del sufrido acontecer de estos hombres. “Sin esperanza”, así se llama el cuadro, tiene muchas semejanzas con el bien conocido lienzo de Picasso “Ciencia y Caridad”, de 1897. Lloréns estudia por estos años en La Coruña con Ramón Navarro García.

Sus primeras creaciones y el viaje a Roma

Campesinas de Flandes,1905La primera obra importante que Lloréns pinta en La Coruña son los “panneaux” de los techos del Casino, fechados en 1897, años estos de holgura económica en el ambiente familiar que le permiten frecuentes viajes a Madrid, y una vez terminados sus estudios mercantiles que le impone su padre, se traslada a la capital e ingresa en el estudio de Sorolla. Ningún otro pintor gallego estudiaría con el maestro valenciano. Su vida y arte iban siempre a estar relacionados con esta extraordinaria experiencia que representa para Lloréns el contacto con este hombre singular. Con él trabajaron entonces, junto a Sorolla, pintores como Benedito, Palacio y Lezcano.

Una vez terminados sus estudios en Madrid, Lloréns vuelve a La Coruña y comienza una época de gran actividad retratista. Siente una decidida vocación por el retrato y pinta sobre todo a los niños, pero la vida y actividad coruñesas van a terminar cuando, animado por sus maestros, decide que la llamada de Italia es demasiado fuerte para ignorarla y el 8 de noviembre de 1900, obtiene una plaza de pensionado en Roma. El primero de mayo de 1902, abandona su ciudad natal camino de su destino; la elección estaba hecha y va a Italia lleno de legítimas ilusiones, en busca de un conocimiento directo del arte clásico; pero va también en busca de una naturaleza propicia que ya nunca encontraría hasta regresar de nuevo a su tierra, a su Galicia nativa.

Lloréns nos deja un documento curioso en el que podemos vivir con él los aconteceres más importantes de este viaje, su estancia en Barcelona mientras espera el barco “Perseo” que ha de llevarle hasta Nápoles, y sus contactos con artistas como Casas, a quien visita, su interés por el Arte Moderno y su abierta admiración por la obra de Gaudí. Llega a su destino el 14 de mayo de 1902, y, en la estación de Roma le están esperando sus amigos Benedito y Ortiz de la Torre. Lloréns se incorpora así a una brillante generación de españoles, la de 1902, compuesta por Marín Benedito, Camelo, Sotomayor, San Felipe y Chicharro y, de acuerdo con los datos que figuran en el diario, asiste en la iglesia de Montserrat a un Tedéum en honor de la coronación de Alfonso XIII, su primera ceremonia oficial en la capital italiana.

Allí ha de conocer a pintores que serían sus amigos durante toda su vida, al jerezano Gustavo Bacarisas, y a otro gran pintor por el que sentirá siempre una gran admiración, a Piñole. Habla en páginas sucesivas de sus viajes en compañía de Bacarisas por la campiña que rodea a Roma; Albano, Castelgandolfo, Subiaco, Tívoli, Asís, y, más adelante a casi todos los puntos de la geografía italiana. Hay, en todas estas experiencias algo en común; siempre es el hombre frente al paisaje.

Desde Roma escribe Lloréns varias cartas que van a ser publicadas por “El Noroeste”, diario coruñés. Son cartas donde podemos apreciar la prosa tersa y expresiva que le caracteriza, viñetas históricas en las que se reproduce una anécdota viva y fuertemente plástica, escenas “vistas” con sensibilidad pictórica postimpresionista. Durante estos años el pintor se aficiona a la lectura de escritores como D’Annunzio, Eça de Queiroz, Pirandello, Barbey, y posteriormente Lloréns ya impregnado del gusto modernista, leerá con avidez la obra de Amado Nervo, Rubén Darío y Valle-lnclán. Hay además en el pintor el mismo regusto nostálgico por el siglo XVI que sentían sus compañeros de generación, en las letras, y una admiración por la figura de San Francisco y el cristianismo primitivo, en suma, la misma postura revisionista que lo incorpora a los hombres del 98 y a su pensamiento.

De estos años son dos retratos que documentan dos momentos de la vida del pintor; el primero el que le hace Benedito en el estudio de Sorolla, el segundo es la cabeza que le hace Alsina en Roma el primer año de pensión. Con Benedito hace un viaje en 1903 hacia el norte de Italia y luego visitan París, para ir, ya solo, a los Países Bajos. Se establece en Brujas y esta ciudad, donde se encuentra muy a gusto, representa para él como una vuelta al pasado. Se trata de una ciudad húmeda y silenciosa que describe con interesantísimos detalles a sus paisanos en sus artículos de “El Noroeste”. Allí pinta Lloréns algunas de las obras más famosas de su carrera; dibuja y pinta en todas partes, en las calles, en los canales, en las plazas y embarcaderos, paisajes urbanos y composiciones de figura, el más famoso sus “Campesinas de Flandes” que sería adquirido por el rey Víctor Manuel de Italia en la muestra de pensionados en 1906. El rey adquiere también en la misma muestra su cuadro “Entre rocas”. Dicha exposición representa para el pintor un triunfo personal y extraordinario que se complementa con el de una crítica entusiasta en la prensa romana.

Retorno a España

La gruta de las gaviotas,1910El mismo año de su reincorporación a España, en julio de 1907, presenta Lloréns los cuadros pintados en Italia y con ellos intenta ganar una medalla que tardaría en serle otorgada. La larga espera representa para él una contrariedad y también una oportunidad de seguir experimentando, renovando el concepto del paisaje. Se acerca a Galicia con los ojos inundados de luz mediterránea y la interpreta primero dentro de esquemas que recuerdan la bravura colorista de su maestro valenciano. Pero el tiempo pasa, y la fórmula del paisaje gallego va aflorando en la sensibilidad llorensiana y se va condensando, afirmando en la realidad que ama y le circunda. En 1909 ejecuta tres carteles para el Deportivo donde deja patente sus aficiones y su fórmula personal del modernismo atenuado, esta misma tendencia con que trata algunos de sus paisajes. especialmente los perfiles ondulantes de las playas y los jardines de los pazos señoriales donde trabaja, rincones exquisitos donde aparece con toda fuerza y significación la Galicia íntima de los pazos de Láncara, Lóngora, el lugar de los Figueroa, el pazo de Marcial del Adalid, Oza, Oca, Meirás y tantos otros. Vive y cuida a sus padres, ya viejos, y sostiene una larga y sincera amistad con Emilia Pardo Bazán, que le atrae a su círculo de intelectuales gallegos. Dedica su tiempo a la organización incansable de muestras regionales a donde acuden, invitados por él, los mejores representantes del modernismo y postmodernismo catalán. El cuadro de Lloréns “Geranios y campanillas” es uno de los más importantes de este momento, de gran parecido a las series de las ninfas de Monet, pero muy anterior.

Son también de este período, “La gruta de las gaviotas”, personalísima interpretación de la costa rocosa de las cercanías de Riazor, y “Cantabria”, un estudio muy valiente del mar en movimiento, ejecutado desde los altos de la casa de baños de la familia Dorrego.

Años en la Escuela de Comercio y traslado a Madrid

Puerto de La Coruña,1910En 1910 expone en Santiago en la Exposición de Arte Gallego algunos de sus lienzos italianos, y le hace un admirable retrato a su amigo Joaquín Freire de Andrade. Este mismo año acude a la Exposición del Centenario de la fundación de la Argentina, donde obtiene una segunda medalla con su cuadro “El puerto”, de tema coruñés, pintado frente al muelle de Santa Lucía, y en 1911 lleva al lienzo en pleno corazón de la Ciudad Vieja de su ciudad natal, el cuadro de la colección del marqués de Figueroa “La hora de los rezos”. Son años en los que el pintor combina su actividad artística con el cuidado de su padre, gravemente enfermo y abatido desde la muerte de su mujer, años difíciles, pero fructíferos en temas coruñeses. A ellos pertenecen los importantísimos lienzos en “La barra de Santa Cristina”, “Mañana de agosto en las Mariñas”, “El valle de Samodeo” y tantos otros. Hace también varios retratos de diputados por encargo de la Diputación Provincial y sigue plasmando el paisaje intimista de los jardines de los pazos cercanos a La Coruña. Una vez desaparecido su padre, Lloréns hace oposiciones a cátedras de Escuelas de Comercio que gana en 1913 y se traslada primero a ocupar la plaza de Barcelona, donde sólo estará un año, y desde allí a Madrid. Tendrá desde ahora que dedicar muchas horas a la enseñanza y limitar sus actividades pictóricas a los veranos. Pero sigue trabajando infatigablemente y contribuye con su obra y su actividad organizadora de exposiciones gallegas al resurgir cultural de su tierra nativa, al Resurximento. De él dice “El Noroeste”:

…El nombre prestigioso de Lloréns ha bastado para que a nuestra exposición concurran Benedito, Chicharro, Camelo, Anselmo Miguel Nieto… Nuestro pintor es el alma de la exposición.

Y será también él quien, acercándose a los escritores gallegos, lleve a la muestra de La Coruña a nombres como Sofía Casanova, los CambaEmilia Pardo Bazán, haciendo de la ocasión una muestra más importante que las nacionales.

Boda, madurez pictórica y nacimiento de su primera hija

Rías Bajas,1921En 1915 recibe una medalla de oro en la Exposición Universal celebrada para conmemorar la inauguración del Canal de Panamá, y el 1917 concibe y realiza la Segunda Exposición de Arte Gallego en La Coruña que se celebra en la recién construida Casa Consistorial de la Plaza de María Pita. Este mismo año hace una exposición en las Galerías Layetanas de Barcelona con Álvarez de Sotomayor. El éxito de esta muestra le anima y ayuda a su decisión de contraer matrimonio, que se celebra el 18 de septiembre de 1918 en la capilla del Colegio Dequit de La Coruña. Lloréns se casa con la hija menor del famosísimo médico gallego don José Rodríguez Martínez  y el matrimonio se traslada a Madrid en un piso-estudio en la calle de Santa Engracia, número 6. Corona así una larga y difícil espera, y lleva a su lado a una extraordinaria mujer, que había de ayudarle en la última etapa de su escalada hacia el triunfo. En el otoño de 1919 acude a la primera Exposición de Arte Gallego de Buenos Aires y, en 1920, a la del Ateneo de Sevilla. En el año siguiente, nace su primera hija, Eva, que llena de felicidad al matrimonio. Y, en una visita a Mondariz, invitado por Ramón Peinador, pinta y decora el escenario del teatro del balneario, para las sesiones de la Academia Gallega que habían de recibir a los escritores Cabanillas y Rey Soto.

Al fin llega la deseada medalla en 1921, con el cuadro “Rías bajas”, y los amigos del pintor se reúnen en los jardines del Buen Retiro para su homenaje. Estos amigos representan todo el pensamiento español de aquel momento. Estévez Ortega entrevista a Lloréns en su estudio de Madrid aquel mismo año y el siguiente emprende el pintor una temporada de intensa actividad en la que acude y organiza la tercera Exposición de Arte Gallego en La Coruña; acude a la Exposición de Santiago en 1923; hace una muestra individual en Madrid en el Centro de Galicia, en la que expone 40 obras que representan el período más brillante de su carrera pictórica.

Muerte de su mujer, nacimiento de su segunda hija y gran producción artística

La gruta de las gaviotas,1910Lloréns lleva su obra a una exposición de Arte gallego en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, y pasa el verano de 1924 en Perillo, desde donde va andando a Bastiagueiro para pintar su famoso cuadro de la playa. Son estos años de gran actividad pictórica para Lloréns que se siente ahora apoyado por la presencia de su mujer, que acierta a desplegar junto a él una grande y bien medida actividad social que le beneficia. Eva Rodríguez era la esposa que el pintor necesitaba y su muerte, pocos meses después del nacimiento de la segunda niña, Charito, le privó de una compañera valiosa, y le dejó sumido por un largo período de tiempo en una situación complicadísima. Las niñas eran pequeñas, cuatro años la mayor y pocos meses la pequeñita. Lloréns dedicaría el resto de su vida a sus dos hijas. Padre cariñoso y gran educador, supo darles todas las atenciones que necesitaban, pero en la vida de la familia se había creado un gran vacío que nunca habría de llenarse. Lloréns y Cabanillas son amigos de siempre. El poeta dedicará al pintor tres poemas, el primero con motivo de su encuentro en Mondariz, el segundo para celebrar la concesión de la primera medalla y el tercero frente al cuadro la “Calzada de Cambados” con motivo de la muerte de Eva en 1925.

Acude Lloréns, en 1926, a la Exposición de Arte Contemporáneo Español que se celebra en Buenos Aires en la sala Cristofle en compañía de Solana, Chicharro, Berruete, Vázquez Díaz, Regoyos, Zubiaure y Hermoso con su lienzo de grandes dimensiones “La gruta de las gaviotas”; continúa pasando sus veranos en Galicia y los inviernos en Madrid, a cargo de la cátedra y de la academia de preparación para el ingreso en Arquitectura que tiene instalada en su domicilio-estudio de la calle de Santa Engracia; sufre dos intervenciones quirúrgicas en las hábiles manos de su gran amigo e ilustre cirujano gallego el doctor Noya, y se reúne diariamente en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con sus compañeros de profesión y con Antonio Palacios, con el que le une una gran amistad. En 1929, es condecorado con la Gran Cruz de la Corona de Bélgica, hace exposiciones en Bélgica y Holanda y es nombrado Correspondiente de la Real Academia Gallega. Julio Romano, en una entrevista que le hace en “La Esfera”, lo describe de esta manera:

“Su faz, ancha y rasurada, su presencia franca, su andar pausado y el ademán comedido de este ilustre pintor gallego nos recuerda abacial o el perfil rotundo de un prebendado. La parla áspera y viril de Castilla, al pasar por sus labios, se baña en el suave y dulce acento de la “tierriña””.

Entrevista celebrada con motivo de la organización, por parte de Lloréns, del Pabellón de Galicia en la Exposición Internacional de Sevilla, para la cual realiza su famoso friso de la “Pesca en Galicia”. Lloréns recibe por esta gestión una medalla de oro y toma parte también en la organización de la participación gallega en el Museo del Traje Regional. Ambas gestiones representan sendos triunfos que son buena prueba de su liderazgo y brillante participación en el Resurximento de Galicia. Durante los veranos sigue pintando en Perillo y luego en Mera, en esta última realizará en el año 1931 su famoso cuadro, hoy en el Museo Provincial de La Coruña, “La fronda en reposo”.

El sobrevenimiento de la Guerra Civil Española y sus últimos años

Talavera y flores,1921La Guerra Civil sorprende a la familia Lloréns en Madrid, y allí hace las series de aguadas que reflejan el ambiente y la inquietud de la ciudad sitiada. De Madrid se lleva el pintor a sus hijas a Valencia, donde continúa ejerciendo su docencia. Resultado de esta experiencia son los lienzos del Jardín Botánico y muchos bodegones. Son años de azaroso subsistir y dura experiencia que le hacen llegar, al fin de la contienda, cansado y tremendamente envejecido. Pero, el contacto con Galicia viene, otra vez, a renovar el cuerpo y el espíritu batallador de este hombre que a los setenta años sigue pintando con vigor y mantenido entusiasmo. Las muestras que realiza en la Sala Cano, son un éxito en todos los terrenos y su ingreso como académico de número en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, vienen a alegrar esta última etapa de su vida. Una larga y cruel enfermedad que dura ocho años, representa la etapa final en la vida del maestro gallego, que fallece en Madrid el 11 de febrero de 1948. Será la Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario la primera en celebrar una muestra póstuma de la obra del pintor desaparecido. Viene luego una exposición homenaje en el XXIV Salón de Otoño, otra en el Salón Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y, por fin, en 1974, el Museo de Arte Moderno de Madrid dedica al pintor coruñés una Exposición Antológica para cuyo catálogo el ilustre historiador de arte don Enrique Lafuente Ferrari hace un estudio claro y preciso de la vida y el arte de Lloréns. Surge ahora una crítica joven y vigorosa que evalúa con entusiasmo la creatividad llorensiana, esa evaluación que habían iniciado Francés, Bugallal, Gil Fillol y Freire de Andrade. Campoy, Faraldo y muchos otros aciertan a colocar a Lloréns en el sitio que le corresponde y merece. La Diputación Provincial de La Coruña organiza en sus salones del Colegio Calvo Sotelo, en 1974, otra muestra antológica que reúne con criterio didáctico de gran eficacia la obra del pintor. Y el pueblo de Sada, último refugio de las andanzas de este hombre que tanto amó a su tierra y a su gente, coloca una lápida en la casa de Sada de Arriba, donde Lloréns pasó los últimos veranos de su vida. Toda la rigurosa pasión que este hombre sintió por el noroeste español está plasmada en su obra y es ella su más viva y expresiva biografía.